La transmisión en directo del ballet Giselle en los cines el pasado lunes 27 en versión de Peter Wright para el Royal Ballet, ha sido un oportunidad de oro para admirar y estudiar de cerca a la estrella del ballet internacional, Natalia Osipova.
Osipova, sola y en si misma, es un himno a Giselle.
Resplandece con tanta luz y personalidad en el escenario del Royal Opera House que todo y todos a su alrededor, quedan en un segundo, o quizás, tercer plano.
A sus jóvenes 27 años, es una intensa artista de gran profundidad dramática, dueña de un baile y una técnica de ballet superior y prodigiosa. Cualidades que sobresalen aún más entre los bailarines del actual Royal Ballet, compañía a la que se ha unido en 2013. Es difícil o tal vez imposible estar a su altura.
Al comenzar el ballet en el 1er. Acto, su personaje Giselle, es el de una joven dulce, tímida, enamorada y de frágil corazón que a medida que avanza la acción, matiza en cada detalle y cada gesto la profundidad del drama que se avecina.
Las variaciones de Osipova como Giselle son alegres, chispeantes y llenas de despliegues técnicos brillantes! Estas variaciones no están exentas de momentos un tanto excesivos, como cuando ejecuta con la velocidad del rayo y fuera de estilo, los piques pirouette en circulo de su famoso solo del 1er Acto.


La famosa escena de la locura, llega con fuerza y golpea el alma; así como abrumador y triste se siente el momento en que delante de Batilde, la pobre Giselle trata de entender una situación humillante y dolorosa, como la de que ella no está prometida con Albrecht pero Batilde, si.
El momento crucial llega cuando Batilde, soberbia, engreída y bien representada por la elegante bailarina Christina Arestis, le muestra su enorme anillo de compromiso. Es entonces cuando Giselle, golpeada y muy consciente de su humilde condición social, esconde sus manos desnudas, sin tener nada que decir.
Una pobre campesina frente a la suprema arrogancia de la hija de un príncipe.
Osipova, merece ganar un Oscar por esos pocos segundos.
Su vívida presencia dramática la lleva al éxtasis total del 2 Acto con una Giselle sumida en el amor y el desgarro más absoluto. Su baile es intenso, elevado y hasta trascendente.
Osipova – Giselle flota y vuela cual espíritu etéreo en medio del bosque. Sus esperados entrechats, seguidos de los Cecchetti son simplemente únicos!
El adagio lo realizó con unas elevaciones de piernas acompañadas de suaves suspiros de sus brazos, y un trabajo de hombros y espalda fenomenal! Su torso, por medio de su estudiada respiración, parecía mágico, y todo el conjunto será definitivamente una interpretación que pasará a la historia del ballet.
Giselle, es el papel ideal para ella. Osipova trasmite con su piel hasta la mas sutil de las notas de la música de Adam.
Debido a tan fuerte y magna presencia, daba la impresión que la estrella rusa estaba sola en medio del escenario del Royal Opera House de Londres, ya que semejante artista no encaja actualmente, ni es coherente con el presente nivel del Royal Ballet. La Cía. que he visto el lunes 27 no está a la altura de semejante profesional llegada del Olimpo ruso.
Myrthe, la Reina de las Wilis, interpretada por Hikaru Kobayashi, es un papel tan fuerte como adulto, y ha estado perdido absolutamente en todo momento, sobre todo frente a Giselle, ya que a medida que la acción transcurría iba ganando en debilidad, pequeñez e intrascendencia.
Sus 24 Willis, muy dispares entre si, bailaron sin pena ni gloria por el ilustre escenario.
La bailarina Deirdre Chapman, como la madre de Giselle en el 1er. Acto ha sido, según mi opinión, lo mejor de la agrupación inglesa.
Carlos Acosta no mostró suficiente química con Osipova, pero aportó soltura, elegancia y seguridad interpretativa como Albrecht. Lamentablemente dejó su capacidad atlética, su brillo y su virtuosismo fuera de escena en esta ocasión, o al menos yo no pude verlo en ningún instante.
¡Qué impresionante actuación la de la ex-bailarina del Bolshoi! Su Giselle es profundamente conmovedora, y como la misma Osipova ha dicho “una bailarina cuenta la historia según el modo en que se mueve”.
Su indeleble marca, su exquisito estilo, es para mi 100% made in Rusia.
Desde todo punto de vista, incomparable.

