Isadora Duncan concebía a la bailarina del futuro como aquella “cuyo cuerpo y alma hayan crecido juntos tan armónicamente que el lenguaje natural de esa alma se convierta en el movimiento del cuerpo”.
Aquella bailarina no pertenecería a ninguna nación sino a toda la humanidad. “No bailará al modo de una ninfa, como hada, ni como una “coquette”, sino como una mujer en su expresión más alta y pura. Traerá al mundo el mensaje de los pensamientos y aspiraciones de miles de mujeres. La bailarina del futuro bailará la libertad de la mujer”.
Isadora hablaba de la bailarina del futuro, sin saber acaso, que su vida y obra cambiarían para siempre la historia de la danza, generando una de las primeras e importantes rupturas con el ballet clásico y abriendo paso al desarrollo de la danza moderna, dejando enseñanzas que no han perdido vigencia hasta nuestros días.
Para ella la verdadera educación se realizaba por las noches, cuando la madre, que trabajaba dando lecciones de música a domicilio, volvía a la casa y tocaba para sus hijos obras de Beethoven, Schumann, Schubert, Mozart o Chopin, y leía pasajes de Shakespeare, Shelley, Keats o Burns. Gracias a su madre, su niñez estuvo impregnada de música y poesía.

En el momento de su partida a la URSS en 1921, y con estas palabras, Isadora concluye su autobiografía:
“En el camino hacia Rusia experimenté la sensación que mi alma se despegaba de mi cuerpo, como después de la muerte; sensación que estaba justificada por la índole del viaje. Iba hacia otra esfera. Detrás de mí dejaba para siempre todas las formas de la vida europea. Creía yo, efectivamente, que el Estado ideal, soñado por Platón, Carlos Marx y Lenin, había sido, por milagro, implantado en la tierra. Con toda la energía de mi ser, decepcionado en sus tentativas de realizar sus visiones artísticas en Europa, me hallaba dispuesta a ingresar en el demonio ideal del comunismo. No llevaba ropa.
Me figuraba que iba a pasar el resto de mi vida con una blusa de franela roja, entre camaradas igualmente vestidos con sencillez y llenos de amor fraternal.
A medida que el navío avanzaba, miraba hacia atrás con desprecio y piedad, recordando las viejas instituciones y costumbres de los burgueses europeos. En adelante sería yo una camarada entre los camaradas y desenvolvería un vasto plan de trabajo para la regeneración de la Humanidad. ¡Adiós, pues, la desigualdad, la injusticia y la brutalidad del Viejo Mundo, que había hecho imposible mi escuela! Cuando, por último, llegó el barco, mi corazón dio un salto de júbilo. ¡He aquí el bello Nuevo Mundo que acababa de ser creado! […] Y yo entraba ahora en este sueño, del que mi obra y mi vida participarían con su gloriosa promesa. Texto Lorena Seoane.
¡Adiós, Viejo Mundo! ¡Salud para el Mundo Nuevo!”
La danza del futuro. Fragmento, Isadora Duncan.
«Pero la danza del futuro tendrá que volver a ser un arte altamente religioso, como era entre los griegos. Porque el arte que no es religioso no es arte, es pura mercadería.
La bailarina del futuro será aquella cuyo cuerpo y alma hayan crecido juntos tan armónicamente que el lenguaje natural de esa alma se convierta en el movimiento del cuerpo. La bailarina no pertenecerá a una nación, sino a toda la humanidad. No bailará al modo de una ninfa, como un hada, ni como una coquette, sino como una mujer en su expresión más alta y pura. Ella dará cuenta de la misión del cuerpo de la mujer y la santidad de todas sus partes. Danzará la vida cambiante de la naturaleza, mostrando cómo cada parte se transforma en otra. De todas las partes de su cuerpo irradiará la inteligencia, trayendo al mundo el mensaje de los pensamientos y aspiraciones de miles de mujeres. Ella bailará la libertad de la mujer.
¡Oh, qué campo tan amplio la esta esperando! ¡No sienten que esta cerca, que esta llegando, la bailarina del futuro! Ella ayudará al género femenino a alcanzar un nuevo conocimiento de las posibilidades de fuerza y belleza que hay en sus cuerpos con la naturaleza terrestre y con los niños del futuro. Ella bailará nuevamente el cuerpo emergiendo de los siglos de desmemoria de la civilización, emergiendo no en la desnudez del hombre primitivo, sino en una nueva desnudez, ya no en guerra con la espiritualidad y la inteligencia, sino uniéndose a ellas ene una gloriosa armonía.
Esta es la misión de la bailarina del futuro. Oh, ¿no sienten que ya está cerca, no están impacientes por su llegada como yo lo estoy? Preparémonos para recibirla. Yo le construiré un templo para esperarla. ¡Quizá aún no haya nacido, quizá sea una niña!, ¡oh, gozosa!, puedes ser mi misión guiarla en sus primeros pasos, observar el progresos de sus movimientos día tras día, hasta que superando mi pobre enseñanza, sus movimientos lleguen a ser divinos, y reflejen en sí las olas, los vientos, los movimiento de las cosas en crecimiento, el vuelo de los pájaros, el paso de las nubes, y finalmente el pensamiento del hombre en su relación con el universo.
¡Oh, esta llegando, la bailarina del futuro: el espíritu libre que habitará el cuerpo de la nueva mujer; más gloriosa que cualquier otra mujer haya sido; más bella que la egipcia, que la griega, que la temprana italiana, que todas las mujeres de los siglos pasados: la inteligencia más alta en el cuerpo más libre! » Fuente «El arte de la danza y otros escritos» Isadora Duncan (Autor).
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