Irene Levandowsky llegó a Maracaibo, capital del occidental estado Zulia, en 1950. Fundó una academia donde entre otras recibió clases Lupita Ferrer, una reconocidísima actriz venezolana de telenovelas.
Irene Ivanovna Chajova de Levandowsky fue la primera maestra de ballet clásico en Venezuela. Nació en Járkov, Ucrania (Rusia), en 1904. Según cita el Diccionario General del Zulia, escrito por Luis Guillermo Hernández y Jesús Ángel Parra, fue una bailarina y maestra de ballet que se formó en el exilio con Catherine Deviller, Kera Korcelly, Margaret Froman y Thamara Karsavina. «Residió en París donde mantuvo su academia durante diez años y más tarde partió a Liberia, donde siguió con su academia por tres años más. Así recorrió triunfalmente con su danza Inglaterra, Alemania, África y Estados Unidos».
El 15 de diciembre de 1950 llegó a Maracaibo, ciudad petrolera del occidente de Venezuela, a 600 kilómetros de Caracas. La capital del estado Zulia era un pueblo grande que acogía a numerosos inmigrantes de Europa, después de la Segunda Guerra Mundial. Para la época contaba con 288.000 habitantes. «Para mí siempre fue un misterio por qué se quedó aquí y no en Caracas», refiere Irina Ivanova, bailarina marabina de 63 años, y más de 40 dedicados a este arte, quien la destaca como una gran amiga. «Hablábamos todas las semanas».
Ivanova confirma que fue la primera maestra de ballet clásico de Venezuela. Su escuela estaba en el norte de la ciudad, en un salón de su casa. «A sus alumnas las llamaba: ‘mis pechugas’, aunque nunca supe por qué les decía así. Las clases las daba con una túnica rosada y zapatillas». Entre sus alumnas destacó Lupita Ferrer, actriz venezolana de telenovelas, protagonista entre otras de Esmeralda (1971) y Cristal (1985), hoy residenciada en Miami. «Era una aventajada alumna y muy buena bailarina». Con ella estudiaron las niñas de las familias de más altos ingresos de la sociedad marabina de la época.
«Era una mujer extremadamente bella. Llevaba siempre el peinado bandó, con las orejas tapadas y el moño atrás. Usaba el perfume Madame Rochas. Por donde pasaba había que voltear a verla. Era de una belleza muy poco común».
Se va pero regresa
En 1961 decidió irse a Estados Unidos con su esposo y le vendió la academia a la bailarina holandesa Sonja Koster. La repentina muerte de su marido hizo que regresara a Maracaibo y continuara con sus clases. Presentaba sus espectáculos en el Teatro Baralt, el principal de la ciudad.
En 1975 fundó el Ballet Maracaibo junto a Sasha y Nedo Vojkich. Sasha señala que era una mujer muy interesante. En diciembre de 1977 presentaron completo El Cascanueces, de Piotr Ílich Chaikovski, por primera vez en Venezuela, según una reseña de la revista Carta Náutica de diciembre de 2011. La dirección estuvo a cargo de Irene Levandowsky, la coreografía fue de Nedo Vojkich y la primera bailarina fue Sasha Vojkich. «Se intentó hacer de eso una tradición, aunque no ha sido fácil por la falta de apoyos y financiamientos».
En 1989 Irene Levandowsky sufrió un Accidente Cerebro Vascular (ACV). «El ruso se le olvidó”, explica Irina Ivanova. “Tuvo que aprenderlo de nuevo leyendo cuentos infantiles». Contaba con una gran videoteca, muchas películas referidas al ballet clásico en formato Betamax y VHS. Los últimos años de su vida los pasó viéndolas. Todos los años viajaba a Nueva York, donde vivía una sobrina. No tuvo hijos.
Una labor poco reconocida
Para Guillermo González, de 65 años de edad, quien fue director del Ballet Clásico del Zulia por 31 años, Irene Levandowsky fue una persona extraordinaria. «Una maestra excelente, de mucho carisma, muy tratable. Era muy ocurrente y cariñosa». A su entender tiene el mérito de haber fundado en Venezuela la primera escuela de ballet para niñas de alta sociedad.
De su carácter habla Tito Balza Santaella, de 78 años de edad, miembro de Número de la Academia de la Historia del Zulia, quien fue su vecino y tuvo dos hijas estudiando en su academia. “La conocí. Era una señora muy educada, amable, muy formal y revelaba mucha firmeza, quizás por su condición de educadora acostumbrada a dirigir una institución donde cursaban personas de diversa condición social y provenientes de diferentes planteles».
En 1992 recibió el premio del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) en danza clásica, ya a sus 88 años. Murió en Maracaibo el 5 de abril de 1998. «Era muy discreta, quizás por eso no se le ha reconocido su aporte a las bellas artes. La recuerdo como una excelente persona y una gran amiga», afirma Irina Ivanova.
Sus funerales no fueron muy concurridos, a decir de Sasha Vojkich. Triste despedida para una grande del ballet clásico en Venezuela. Sus restos reposan en Maracaibo, la ciudad que la acogió por más de 45 años. 8 de octubre de 2013 José Gregorio Meza, para Rusia Hoy.
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