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Para una corta temporada de solo cuatro días de duración, BOSTON BALLET (BB) visitó por primera vez la capital del mundo de la danza, aprovechando asimismo la oportunidad para celebrar su temporada Nº 50 en el bello teatro Koch del Lincoln Center.

Mikko Nissinen, director artístico, combinó dos interesantes programas para los neoyorquinos. La noche en que asistí, subirían a escena cuatro piezas de distintas épocas y estilos: “Sinfonía en Tres Movimientos” de George Balanchine, sobre la áspera música de Igor Stravinsky; a ésta seguiría “La Siesta de un Fauno”, de Vaslav Nijinsky, que utiliza la hermosa partitura de Claude Debussy; después vendría «Plan to B” de Jorma Elo, coreógrafo residente del BB, con acompañamiento de Heinrich Ignaz Franz von Biber. El programa cerraba con “Bella Figura” de Jiri Kylian, sobre música de variados compositores de siglos diferentess; modernos como Lukas Foss, pasando por Pergolessi, Vivaldi y otros más.
El público que ocupaba el teatro parecía medir los aplausos a los solistas en principio, pero pronto la interpretación que la joven compañía ofrecia sobre la coreografía del llamado “dueño del teatro” (Balanchine, para más señas), fue del agrado de todos.
Altan Dugaraa, como el Fauno, en la obra que continuaría el programa, logró captar los ambiguos movimientos que la mente ya alterada de Nijinsky había diseñado para él mismo, primer intérrprete de la obra. El estreno, ocurrido en París en 1912, causó casi una revolución en el teatro, ante la furia del público al finalizar la obra. La coreografía del joven Nijinsky hería en su sensibilidad a la mayoría de los asistentes, por estimarla “lasciva” en el gesto del Fauno, sobre el velo que la Ninfa había dejado en el suelo… El gran Nureyev, cuando la interpretara casi media centuria después, hizo resaltar el mismo gesto, pero ya el público moderno aplaude a rabiar todas esas excentricidades… o llámense como cada cual lo desee.
“Plan to B”, estrenada en 2004, con vestuario original del propio coreógrafo, fue la gran sorpresa de la noche. Los cinco intérpretes, Dusty Button and Whitney Jensen, junto a Bud Busby, Jeffrey Cirio, John Lam y Sabi Varga tuvieron una exactitud de movimientos que solo puede ser catalogada de magnífica; además de incluir elasticidad, que mereció una gran ovación por parte del variado público que ocupaba los asientos del teatro, todos puestos en pié.
Ya con el ambiente caldeado, la pieza final de Jiri Kylian deja mucho que pensar. ¿Desea acaso el coreógrafo que nos sintamos cómodos observando desnudos en la escena, igual de parte de los bailarines que de las ballerinas? Sin duda alguna, esta es la primera vez que veo a estas últimas motrando los senos. Por otra parte, las enormes sayas rojas que todos vestían, parecían bellos globos inflados, robando la total atención de los presentes. Creo necesario ver el trabajo de Kylian en una segunda ocasión, para poder entenderlo mejor y deducir si había mensaje del coreógrafo o no.
¿Habrá pronto una segunda visita del BB a la Gran Manzana? Deseo de todo corazón que no se haga eso esperar mucho.

